¿Tiene futuro el Centro Nacional del Vidrio?

Carta remitida por Carmen Revuelta Cáraves

Ex-concejala del Ayuntamiento de La Granja de San Ildefonso

Aunque he nacido  en Santander y vine a Segovia hace muchísimos años, realmente me siento granjeña ya que en La Granja viví durante 23 años, allí crié a mis hijos y tuve la experiencia de colaborar en las decisiones municipales como concejala, participando con intensidad en la vida del pueblo desde 1987 hasta 1999.

No creo exagerar si afirmo que en aquellos años, y precisamente debido al proyecto que suponía recuperar el edificio de la Real Fábrica de Cristal para instalar allí la Fundación Centro Nacional del Vidrio, que debería tener una repercusión tanto nacional como internacional, la Granja de San Ildefonso volvió a ponerse en el mapa, porque no nos engañemos, la Granja que tuvo momentos de esplendor en diferentes épocas, había ido languideciendo hasta convertirse en poca cosa, dependiendo casi únicamente de una fábrica de vidrio tradicional, con sus problemas como toda la industria del país, y de los turistas que pasaban a visitar el palacio y sus jardines y como mucho a tomarse un café.

El CNV tenía un proyecto ambicioso y bien diseñado por Erik Clavería-Soria, que después de diez años de arduo, laborioso y paciente trabajo consiguió poner de acuerdo diversas administraciones gubernamentales, autonómicas, provinciales, locales etc. Se consiguieron fondos económicos suficientes para la rehabilitación de un edificio en total ruina, y se superaron una enorme cantidad de problemas que hubieran desmoralizado a  cualquiera, menos a Clavería. Todo el que esté relacionado con La Granja reconocerá que con Clavería tuvo el mejor alcalde  y que realmente fue el que dio el impulso para que se empezaran a hacer cosas, algunas de las cuales se han visto frustradas. Los que tuvimos la suerte de trabajar con él aprendimos de una persona con una inteligencia asombrosa, una integridad sin discusión y sobre todo  un empuje y entusiasmo que arrastraban. El CNV fue su proyecto estrella que se convirtió en realidad porque supo rodearse de un equipo de talentos, cada uno dedicado a su materia.

Como es lógico sigo con interés todo lo relacionado con “mi pueblo”, y últimamente veo por la prensa que la Fundación Centro Nacional del Vidrio parece haber metido la directa para intentar volver a poner en marcha el proyecto, lo que me alegra sobremanera. Pero hay algo que me inquieta después del descalabro en que se ha visto envuelto: el que no se haya pensado en Carlos Muñoz de Pablos que por su experiencia y su reconocimiento internacional en el mundo del vidrio debería ser imprescindible en esta etapa. Seguro que el Ministerio de Industria habrá buscado gestores experimentados para llevar la empresa adelante, pero sin un técnico con las ideas muy claras será muy difícil que el CNV no vuelva a entrar en problemas.

No se trataría únicamente de reconocer su dedicación durante tantos años, que también, sino de, interesadamente, contar con la persona que tiene el proyecto en la cabeza y que puede desarrollarlo con las limitaciones actuales, marcando las pautas adecuadas. Francamente creo que si no se cuenta con una dirección técnica muy exigente, el CNV tiene mucho riesgo de volver a la nada, como por desgracia estamos viendo con tantas industrias y proyectos culturales, abocados a desaparecer.

Buenas son las noticias iniciales, ya que están llegando  fondos para poner al día atrasos salariales, para restaurar las cubiertas y para aquellas necesidades más perentorias, pero se deberá tener muy en cuenta el MAGNÍFICO PROYECTO INICIAL si se quiere llegar a buen puerto.

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